(Ficción) Crónica de un 2 de Enero del 2013.

Es casi el mediodía del 2 de Enero del 2013. El calor se hace terriblemente insoportable en un acto que apenas comienza. Se puede observar al fondo del podio unas caras que reflejan pocos amigos y una incomodidad infinita. Aun así, el aire no es tenso sino alegre y hoy se colocará la banda a quién será el nuevo presidente de Venezuela.

Los minutos pasan presurosos mientras la multitud se acomoda en sus asientos en una ceremonia bastante austera. Los medios de comunicación por primera vez en muchos meses tienen acceso a la Asamblea Nacional y se siente la expectación en el ambiente. Justo a las 12 del mediodía comienza una transmisión en cadena nacional para juramentar al presidente de un país que surge de las cenizas de una violencia que no voy a rememorar ahora.

La ceremonia arranca como se hacía hace años, con una voz en off haciendo entrada al acto de juramentación. El público impaciente se hace oír como murmullos al fondo. Hoy se celebra un hecho histórico que nunca se creyó posible.

Es inusual que se adelantase la fecha de juramentación del presidente electo, hecho que siempre tomaba lugar los primeros días de Febrero. Pero el país no soportaría un mes más de castigo e inclemencias, no soportaría un mes más una transición más que anhelada, necesaria. Las heridas de la violencia previa no sanarían apropiadamente si se continuaba una espera interminable. Así quedó pactado y así se llevó a cabo puntualmente el 2 de Enero, ese día se haría el acto de juramentación. Como curita adherida a una cortada: es mejor arrancarla rápidamente aunque el dolor súbito sea intenso, el alivio es más rápido.

Pasaron poco menos de 5 minutos y ya estaba dando la entrada el orador de orden: el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, en un discurso breve y cargado de emotividad, daba la bienvenida a un nuevo período presidencial. Sus palabras se notaban cargadas de ironía y sarcasmo, pero dejando un mensaje político neutro, insípido, como aquel enfermo que termina un plato de comida que no le gusta pero hace falta.

Tras un corto instante, los asistentes hacen aparición para colocar en manos del presidente de la Asamblea una banda: nueva, pulcra, a estrenar, con la banda negra en el brazo, símbolo de luto perenne. Finalmente es convocado el receptor de la banda presidencial, un hombre marcado por las angustias. Con un rostro recién afeitado y un traje a la medida, no dejaba lugar a dudas que estaba preparado para este momento. Un estrechón de manos, un juramento pulcro, un acto de juramentación impecable para ser honestos. Una banda atraviesa la cabeza de aquel hombre y en ese mismo instante se pone fin a un período triste de la historia contemporánea del país: Capriles Radonski y contra todo pronóstico, era juramentado como el nuevo presidente de la todavía República Bolivariana de Venezuela.

Aplausos rabiosos en el fondo, con unos diputados ahora oficialistas que parecían rasgar el aire del hemiciclo. También había las caras caídas de unos diputados ahora opositores que aplaudían con desdén, pero aplaudían. La reconciliación era posible y la juramentación era uno de los muchos pasos que se habían tomado para ello.

Las cámaras entonces enfocan ahora al exaltado nuevo presidente quién cierra la juramentación con un cortísimo pero fulminante discurso:

“Pocos días han pasado desde la gran crisis. Nuestros ciudadanos apenas si han tenido tiempo de recomponerse y es primordial que nosotros, tanto oficialista como opositor, antepongamos nuestros intereses políticos para estrechar lazos que permitan acelerar la recuperación de nuestro país. Es una obligación moral que tenemos TODOS para con aquellos que nos votaron, a favor o en contra, porque no se gobierna para una parcialidad política, no se gobierna para aquel que vota por uno sino para todos los que viven sobre este maravilloso país.

Somos instrumentos y por tanto debemos ser útiles. Debemos incorporar lo mejor de cada bando, de todos los bandos, para trabajar en la reconstrucción de las estructuras políticas, en la recuperación de la institucionalidad y el orden pero por sobretodo en la sanación de las heridas dejadas por el pasado reciente. Necesario es perdonar.

Hoy no es motivo de júbilo porque con este acto apenas si cambian las cosas. Necesario es comenzar a trabajar duro e incansablemente, todos juntos, hasta que nuestro país se recupere. Este país es de todos y entre todos tenemos la obligación de recomponerlo.

Importante es reconocer la labor de cada hombre y mujer que ayudó a que el día de hoy se materializase. Estoy aquí gracias a la labor de la Mesa de Unidad, de los ciudadanos que decidieron por el cambio, por lo que votaron, por los que murieron.

Patria grande, patria próspera. Soy hoy y ahora empleado de cada venezolano y reitero el juramento que hice sobre la constitución: estoy para servirles, para trabajar por uds., para procurarla felicidad y que cada venezolano tenga el país que merece.”

—- Fin de la transmisión

Se escucha nuevamente la voz en off dando el cierre al acto de Juramentación que, como mucho, habrá durado 20 minutos pero que paralizó a todo el país, atentos a las palabras de un hombre que ahora es el presidente de los venezolanos. Demasiado breve para una sociedad malacostumbrada a cadenas interminables.

El fin de una era ha llegado. Comienza una nueva.

Acerca de Alberto Rodriguez

Un poco de excentricidad, un poco de locura, pero definitivamente venezolano de pura cepa. En lo que sería la 2da. generación de Historiadores amateurs quienes buscamos no sólo la verdad, sino propagarla.
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